La frustración de quien busca algo que sabe que nunca va a encontrar.

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miércoles, 21 de octubre de 2009

El periodista de película


La sombra del poder, basada en la exitosa miniserie de televisión escrita por Paul Abbott y emitida en la BBC, es un thriller que muestra con gran habilidad intrigas y escándalos mediáticos, así como los entresijos de una redacción que pretende desenmascarar las corrupciones políticas. Para conseguir este objetivo, la película hace uso de un periodista de la vieja escuela que, con libreta y bolígrafo en mano, sale a la calle en busca de la noticia y contrasta hasta el dato más pequeño con su abanico de fuentes y contactos.
Se dedica plenamente a la búsqueda de la verdad, a perseguir la noticia, lo que le lleva a descuidar su vida personal. Este informador, interpretado por un siempre espléndido Russell Crowe, representa al investigador nato que es capaz de renunciar absolutamente a todo, incluso a una larga amistad, por hacer pública la noticia.
Quizás cae en el error de convertirse, antes que en el periodista ejemplar y comprometido con la causa, en el héroe que tanto le gusta utilizar a la industria cinematográfica americana para romper la taquilla. Aunque seguramente no deje indiferente a ningún espectador, es precisamente éste alguno de los hechos que hace que la historia se tambalee por momentos y se descuelgue de la realidad.
Sin embargo, el largometraje logra el efecto buscado, ya que la historia se equilibra gracias al impactante e inteligente material del que se ha partido para construir el guión, que también goza de algunas grandes verdades que se transmiten correctamente gracias al personaje interpretado por Helen Mirren. La editora del periódico es posiblemete el personaje que más se aproxima a la realidad, preocupada por la dura competencia, los resultados rápidos y las primeras planas con noticias que venden ejemplares. Aquí aparecen también ciertos aspectos clave que forman parte del trabajo del periodista: la presión editorial y las exclusivas. El hecho de que una de los periodistas se encargue del blog del Capitolio en la versión digital del periódico refleja la importancia que éstos tienen hoy día e invita a un reflexión: la posible convivencia del periodismo de papel con las nuevas tecnologías. ¿Está la prensa escrita en decandencia o debe el periodista ser capaz de adaptarse a Internet y aprender a usarlo como una herramienta más sin llegar a depender de él?
En definitiva, la película muestra una profesión que está cambiando debido a Internet, pero que manteniendo las características del periodismo tradicional puede resultar en un periodismo mucho más completo.

domingo, 11 de octubre de 2009

¿Qué irónica que es la vida, no?


Esta mañana, en un inocente recorrido por las estanterías de algunas tiendas cuyos nombres no quiero acordarme y guarecida de la sofocante chicharrina a la que esta ciudad me tiene ya resignada, me he topado con algo lo suficientemente interesante como para terminar sacándome los cuartos. Más que toparme, honestamente lo andaba buscando, todo sea dicho.
El caso es que ayer estuve en el cine viendo la ultrapromocionada Agora de Amenábar que, por unas cosas o por otras, le han despojado de su acento, porque así se sienten más vanguardistas e internacionales ellos y porque no les bastaba con el portento de la Weisz. Pero a lo que voy, que no es la película en sí, sino a ese personaje histórico olvidado por todos, clave en la transición de la Edad Clásica a la Edad Media. Hipatia era filósofa, matemática, maestra, bibliotecaria, una apasionada del cosmos, y Dios sabe qué más. Representa el fin de esa época dorada del conocimiento y el inicio de tiempos oscuros subyugados a un cristianismo en auge que tachó a la ciencia y a la filosofía de paganas, quedando prohibidas y casi destruidas. Fanáticos torturaron a Hipatia hasta la muerte y quemaron sus restos. Fanáticos quemaron sus escritos, sus descubrimientos, sus inventos y estudios de toda una vida. Esos mismos fanáticos quemaron la Biblioteca de Alejandría, la cuna del saber del mundo. Esos mismos, se dice, cumplían las órdenes de Cirilo, nombrado poco después Santo y, no hace tanto, Doctor de la Iglesia.
Sea como fuere, estos últimos días en las librerías rebosan las historias de esta mujer, de esta época de cambio, de una realidad devastadora que ya no censura sino que no se quiere ver. Porque la intolerancia nunca deja de existir, si no se cuestiona todo lo que uno cree.
¿Qué irónica que es la vida, no? Y qué irónicos los seres humanos. Unos manchando su nombre, ocultando su grandeza y otros convertiéndola en una estrella de cine y en un imparable bestseller.